Por Steve Clayton, editor de www.microsoft.com/next

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[image credit: Tihany Design]

Escribo esto en camino hacia mi cuarta ciudad, a muchas semanas y una habitación de hotel más de llegar a disfrutar de los deleites de mi hogar cada vez más digital. Paso mucho tiempo en habitaciones de hotel y, entre más las veo, más sueño con despertar una mañana en la habitación de hotel del futuro. Digo que sueño porque hace poco, mientras leía la revista Departures en una sala de aeropuerto, me encontré con un artículo precisamente sobre este tema.

El artículo lo escribió el diseñador Adam Tihany, quien ha diseñado 24 hoteles en ciudades de todas partes del mundo y que decidió predecir cómo sería una habitación de hotel del futuro. Incluye tales lujos como una silla Eames que parece original pero está fabricada de manera sustentable y un cantinero robot que prepara bebidas perfectas todo el tiempo. Sin duda, ambos serían bienvenidos, pero pienso más en cómo la tecnología podría hacer más placentera mi estancia.

En cuanto a la tecnología, Adam sueña con vidrio fotovoltaico en ventanas, espejos, monitores de televisión y pantallas táctiles interactivas, aunque observa que éstas ya existen. También menciona una habitación donde la combinación de colores puede transformarse por LEDs orgánicos entretejidos en la tela del techo y controlarse de acuerdo a tu estado de ánimo. El hotel Lane de St Martin, en Londres, cuenta con una versión rudimentaria de esto, y la habitación de los niños que aparece en el video que hace poco tomé de la Casa Microsoft lo muestra en forma mucho más avanzada.

Quiero que mi experiencia comience incluso antes de llegar al hotel. En el reciente video sobre la visión futura de nuestro equipo Office, el conserje aparece recibiendo un mensaje del huésped que va en camino donde informa cuántas piezas de equipaje trae consigo. Desde luego, proporcionar esa información es una decisión personal y privada, pero en la mayoría de los casos, deseamos que nuestro registro en el hotel sea lo más rápido posible. La idea de llegar y ser recibido por un conserje que sabe que acabo de bajar de un vuelo de 5 horas, que me reservó un masaje, que pidió mi comida y que me envío mi llave a mi Smartphone sería perfecta. Desde luego, todo eso ya es posible actualmente —aunque nunca he visto a nadie ofrecer una experiencia de ese nivel—.

Dentro de la habitación, encuentro muchas posibilidades de mejorar la experiencia. Primero, ¿qué opinan de proporcionar a cada huésped una conexión Wi-Fi personal para que la utilice durante su viaje? Acabo de comprar una unidad Clear de $50 dólares al mes que me ofrece acceso 4G en cualquier lugar de la ciudad (o del hotel, como en este caso) durante mi estancia. Si un hotel me ofreciera eso por $20 dólares para una estancia de 3 días, lo tomaría sin pensarlo dos veces, además de que al hotel le iría muy bien distribuyendo ese costo de $50 dólares entre varios huéspedes a lo largo del mes. Sin embargo, eso es algo inverosímil en un mundo donde las tarifas de hotel parecen estar subsidiadas por los exorbitantes costos de Wi-Fi, pero estoy seguro de algún establecimiento emprendedor nos sacará de esa oscuridad. El televisor también incluiría un cable HDMI para conectarlo a mi PC; de ese modo, podría ver películas desde mis servicios en la nube. Por supuesto, eso reduciría los ingresos para los hoteles, pero la gente ya está llevando consigo su equipo para hacerlo; entonces, ¿por qué luchar contra lo inevitable? Asimismo, podrían ofrecer televisores con Internet (o consolas Xbox) en las habitaciones para poder contar con todos mis servicios mientras navego.

¿Qué más me gustaría ver? ¿Qué tal un ambiente controlado por voz? “Apagar la luz” cuando me meto a la cama; “preparar la ducha” cuando me despierto. Estoy consciente de que todo llevaría un costo adicional, pero nos estamos refiriendo a los hoteles del futuro, ¿recuerdas? Lo mejor de todo es que ya contamos con la tecnología capaz de convertir todo eso en realidad.

Próxima parada: mi habitación de hotel en la Ciudad de Nueva York… Bueno, se vale soñar, ¿no es cierto?